Jóvenes y Covid-19: un futuro incierto

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28/05/2020
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Jóvenes y Covid-19: un futuro incierto

Eduardo Sanz García, director de la Empresa de Inserción Ilundain, analiza en este artículo cómo la crisis del coronavirus ha afectado a la juventud y, sobre todo, las consecuencias futuras que puede provocar.

Lejos todavía de superar la situación ocasionada por el coronavirus, llega el momento de afrontar el futuro que nos deja esta crisis sanitaria. Un futuro plagado de incertidumbres y que afectará, de un modo u otro, a distintos sectores de la sociedad. Sobre todo, a aquellas personas que ya se encontraban en situaciones de dificultad y precariedad.

En lo que respecta a la labor que desarrollamos desde Fundación Ilundain, nuestra preocupación se centra en la juventud más vulnerable de nuestra comunidad. Todo apunta a que aspectos como el acceso al empleo, la educación o la igualdad de oportunidades se verán dramáticamente mermados, agravando una situación que ya era de por sí precaria antes de Covid19.

La tasa de pobreza juvenil suponía ya un 26% como punto de partida en jóvenes de 16 a 29 años según el índice AROPE y el desempleo juvenil se encontraba ya por encima del 30%. Actualmente, existe una fuerte intensidad en la destrucción de empleo en los\as jóvenes, un hecho sin precedentes históricos: Según los últimos datos  del Observatorio de la Realidad Social, en abril de 2020 el desempleo afectaba un 15 % más a menores de 25 años, debido a la precariedad y temporalidad a la que se enfrentan estas personas.

Otro aspecto altamente preocupante es el abandono educativo, consecuencia del impacto de la formación no presencial sufrida durante este curso. La UNESCO advertía al inicio de la pandemia del fuerte impacto que la Covid19 podía causar en el abandono escolar los próximos años. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la crisis ha supuesto la mayor pérdida de oportunidades educativas de esta generación. La juventud más vulnerable no tiene acceso habitualmente a recursos informáticos o Internet, no cuenta con suficiente acompañamiento en sus procesos educativos y sus competencias personales pueden no ser suficientes para afrontar la tele formación. Con el cambio de un modelo presencial a un modelo no presencial se ha perdido la intensidad de la tutorización y, sobre todo, el acompañamiento emocional.

La relación entre nivel educativo y desempleo es aplastante: según los últimos datos, el 70% de las más de 40.000 personas desempleadas en Navarra no cuentan con el segundo ciclo de Educación Secundaria. Desvincularse del sistema educativo es, por tanto, una condena al desempleo y a la precariedad, un factor de riesgo determinante que favorece la exclusión social. Nos encontramos ante una situación qué puede provocar daños durante décadas si no hacemos algo para frenarla. Nuestro reto como sociedad debería ser garantizar la igualdad de oportunidades de todas las personas jóvenes: No hay otro factor más motivador que saber que el esfuerzo formativo siempre vale la pena y que las oportunidades están ahí, independientemente del recorrido educativo que se haya seguido. Saber en definitiva que hay luz al final del túnel.

Es el momento de garantizar segundas oportunidades a través de la formación y  desarrollar acciones que incluyan “acompañamiento emocional” como factor de protección frente a esta crisis. Una segunda red de programas integrales que aborden la formación, la orientación y el acompañamiento social para la juventud más vulnerable. Trabajar para que estas personas encuentren un empleo de calidad con el que poderse desarrollar es la clave para romper las dinámicas de exclusión antes de que se produzcan. Es el momento de apostar por la juventud y por una sociedad cohesionada en la que exista “igualdad de oportunidades”.

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